La Magia no es, para nosotros, algo sobrenatural, sino que emana de nuestras propias fuerzas y sobre todo, de las del Dios y la Diosa y de todo aquello que han creado. Dicho esto, se puede perfectamente ser Wicca y no querer practicar la magia, al igual que se puede practicar la magia y no tener nada que ver con la Wicca. En cualquier caso, un Wicca sólo practicara la magia para fines positivos o curativos, y nunca para intervenir en la voluntad de otra persona. Es decir, podemos hacer un hechizo para que el amor entre en nuestras vidas, pero nunca haremos uno para seducir a una determinada persona, coartando así su libre albedrío. De la misma manera, tampoco echamos maldiciones contra nuestros enemigos, aunque está perfectamente justificado protegerse mediante un hechizo del mal que nos quieran hacer.